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Ponerse en forma desde cero y recuperar el tiempo perdido

Ponerse en forma desde cero y recuperar el tiempo perdido

El entrenamiento es un proceso que permite adaptarse a nuevos estados a través de distintas técnicas. Ponerse en forma desde cero es totalmente factible. Tan solo hace falta un entrenamiento con un proceso específico para evitar lesiones, proceso necesario, por cierto,  para todos los niveles.

Cualquier edad es buena para comenzar a cuidarse físicamente y por supuesto con una buena alimentación, que forman un equipo perfecto. Echa un vistazo a ponerse en forma  los 40

Lo primero ¿cuál es nuestro estado de salud para ponerse en forma desde cero?

Cómo entrenador personal, necesito tener un conocimiento del estado de salud de mi cliente, para si existe alguna patología tenerla en cuenta para programar el entrenamiento.

Si te has planteado ponerte en forma a los 40 con ejercicio controlado -no es necesario ni recomendable varias horas día ni 7 días a la semana-, y tener un control sobre tu alimentación para hacer efectivo tu cambio de forma de vida, puedes ponerte en contacto conmigo en la web o pasar a formar parte de la comunidad NBS, donde nos encontramos tod@s aquell@s que creemos que ha llegado el momento de ponernos en forma y prevenir trastornos futuros.

¿Cuál es el procedimiento?

En algunos países como Canadá  y EE.UU. se sigue un procedimiento estándar el Physical Activity Readiness Questionnaire, el cual consta de 7 preguntas relativas al estado actual –preguntas basadas más que otra cosa en enfermedades cardiacas-, y que ayudan a la elaboración de un programa físico.

¿Qué tipos de ejercicios se establecen?

Según las metas programadas, se pueden establecer dos tipos de ejercicios que inciden en el tipo de actividad a realizar.

Si se busca un aumento de la capacidad pulmonar a través de ejercicios que trabajan el sistema cardiovascular, se trabajarán las tablas que buscan un aumento de la resistencia aeróbica.

En cambio, si lo que se busca es el aumento de la fuerza muscular, se propondrán las tablas indicadas para que, a través de un trabajo anaeróbico, se consiga el propósito de aumentar la fuerza buscada.

¿Cómo se estructura un entrenamiento?

El entrenamiento para ponerse en forma desde cero, se debe de organizar de manera muy cuidadosa. El número de entrenamientos, la frecuencia de las cargas, los períodos de recuperación, son fundamentales.

El cuerpo humano no posee órganos independientes sino que todos están interrelacionados. Los sistemas respiratorios, circulatorios, musculares, alimentarios, endocrinos, etc., son un todo y no se puede permitir que alguno de ellos falle puesto que, además de causar un problema de salud, da al traste con los propósitos encomendados.

Cuando el cuerpo se desequilibra, bien a través de sobrecargas –como el sobreentrenamiento, o bien a través de defectos cómo la malnutrición-, manda una serie de signos que deben de ser observados y atendidos por el entrenador personal para evitar males mayores y poner remedio a la situación.

¿Cuáles son los principios de los entrenamientos?

Hay un  principio que es clave para la eficacia, que es el principio de la continuidad. Un entrenamiento ha de ser continuo para que sea eficaz. Si existen interrupciones no controladas, se interrumpe la adaptación funcional del organismo.

Esto no es óbice para que se descarten los descansos. Cuando estos son indispensables para la adaptación y el aumento de las capacidades físicas. Diría más, el descanso programado forma parte del entrenamiento y es tan importante como el ejercicio programado.

Otro de los  principios fundamentales para ponerse en forma desde cero,  es el de la progresión. Si al cuerpo le proporcionamos un trabajo lineal, se terminará adaptando al trabajo de la misma manera que nosotros nos adaptamos. Si nadamos 1000 metros /día, al principio nos costará pero llegará un momento que esos 1000 metros serán una distancia asumible con un esfuerzo controlable. El organismo se adaptará al esfuerzo y “no echará toda la carne en el asador”, sino que mantendrá sus reservas.

Es por ello, que debe de existir una progresión controlada e incremento de las cargas al fin de conseguir una progresión coherente con el plan de entrenamiento.

Pero no todo es continuidad y progresión, sino que también existe el principio de la recuperación. Si este principio nos lo saltamos, nos exponemos a una disminución de las capacidades para crecer y al riesgo de un aumento de las probabilidades de lesión que pueden dar al traste con todos los adelantos conseguidos.

Cada persona somos diferentes en muchos aspectos: físicos y funcionales, psicológicos y  de adaptación, algo que conlleva una reacción distinta ante los mismos estímulos. Ese se llama el principio de la individualidad. Por ello es tan importante tener en cuenta que quizás para llegar a un mismo fin, los caminos han de ser diferentes.

Cuando comenzamos a entrenar, los planteamientos pueden ser grupales pero a medida que se avanza, los caminos hacia el mismo objetivo se pueden replantear al fin de explotar el máximo de las capacidades individuales.

Sobra decir, que en un grupo que comienza de cero la progresión individual se hace más patente según avanzan las dificultades. Es por ello, que las preparaciones se han de basar en el principio de la especificidad, principio que nos permite un planteamiento personal en función de las capacidades individuales, al fin de no perjudicar a unos y forzar a otros.

Y por último, es importante el planteamiento de unas metas temporales puesto que el tiempo tiene una importancia fundamental. ¿Cuánto tiempo se debe de entrenar? ¿Cuántos días a la semana? ¿Cuál es la frecuencia de las cargas? ¿Cuántas sesiones de recuperación o descanso? Hablamos del principio de la periodicidad.

Con estas bases podemos plantearnos ponernos en forma desde cero. Puesto que es algo factible deseable e imprescindible para enfrentarnos a una etapa de la vida en que la calidad  es lo más importante. Cualquier cosa que hagamos en una u otra dirección, en esta etapa tendrá unas consecuencias mucho más importantes.

Pero no me olvido del aspecto más importante para la consecución de objetivos: la alimentación.

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